
Cuando hablamos de lactancia materna solemos buscar respuestas claras.
¿Qué posición es mejor?
¿Cada cuánto debe mamar el bebé?
¿Cuánto debe durar una toma?
Y sí, existen indicaciones generales que podemos compartir con todas las madres. Porque, al final, somos seres humanos. Nuestra fisiología responde a principios comunes.
La biología se puede unificar.
Pero la experiencia… no.
La lactancia no ocurre en el vacío. Ocurre dentro de una historia, dentro de un cuerpo, dentro de una familia, dentro de una cultura. Y por eso cada díada mamá-bebé vive su propio camino.
La lactancia no comienza el día del parto.
Comienza mucho antes.
Empieza en la historia de crianza de esa mujer:
También influye su estado de salud antes incluso de concebir.
Su equilibrio hormonal.
Su nutrición.
Su salud mental.
Incluso la forma en la que fue concebido ese bebé puede tener un impacto emocional profundo en la vivencia del embarazo y del puerperio.
La historia del parto importa. Mucho.
No es lo mismo un parto respetado, acompañado y sin intervenciones innecesarias, que un parto lleno de procedimientos, separaciones tempranas o situaciones de urgencia.
Cada intervención puede influir:
También el estado de salud de la madre y del bebé durante el embarazo y el nacimiento puede marcar diferencias significativas.
La lactancia no es solo un acto mecánico de succión y producción de leche. Es un proceso neurobiológico profundamente sensible al contexto.
La lactancia es una experiencia relacional.
El estado emocional de la madre influye.
La regulación del bebé influye.
La forma en que ambos se encuentran, se miran, se reconocen, importa.
Una madre sostenida emocionalmente no vive la lactancia igual que una madre sola, desbordada o en constante alerta.
No podemos hablar de lactancia sin hablar de salud mental perinatal.
También existen factores biológicos y genéticos que pueden influir en la experiencia. La epigenética incluso nos invita a preguntarnos si la manera en que nuestras abuelas y abuelos fueron alimentados y criados puede impactar, de alguna forma, nuestra propia vivencia con la lactancia.
Pero además, el entorno importa:
No es lo mismo maternar con red que maternar en soledad.
No es lo mismo tener tiempo y descanso que vivir en supervivencia constante.
Y todo eso impacta.
Sí, sirven.
Son necesarias.
Nos orientan.
La fisiología de la lactancia es compartida. Hay bases comunes que podemos enseñar y comprender.
Pero acompañar lactancias no es aplicar un protocolo estándar.
Es mirar a esa madre y a ese bebé en su totalidad.
Es entender que no existe una experiencia universal.
Existe una experiencia única en cada díada.
Y cuando comprendemos esto, dejamos de comparar.
Dejamos de juzgar.
Dejamos de imponer.
Y empezamos a acompañar.
Quiero dejarte una pregunta:
Tu historia importa.
Tu contexto importa.
Tu experiencia merece ser mirada con respeto y profundidad. » />
Si esta reflexión resonó contigo, puedes compartirla con quien creas que también necesite leerla. Y si quieres seguir ampliando tu mirada sobre la lactancia y el puerperio, te invito a escuchar el siguiente episodio del podcast AQUÍ.
Soy Nathalia, mamá y Asesora de Lactancia certificada por Edulacta, con diplomado en Lactancia y Puerperio de la Escuela Renacer de Chile. Desde 2020 me dedico a divulgar información sobre lactancia, el puerperio y todos los temas relacionados con esta etapa. Creé un congreso virtual, conduzco un podcast especializado y acompaño familias a través de talleres y asesorías personalizadas. Mi compromiso es brindarte información confiable, actualizada y basada en evidencia, con la calidez y cercanía que esta etapa tan transformadora merece.